NICARAGUA

Fotografías y texto: Adrián Espinosa

Jamás pensé que llegaría aquel momento en el que tuviéramos que afrontar un problema mundial, que nos pusiera a prueba como lo ha hecho esta pandemia. Creo que a más de uno estos meses nos ha enseñado demasiado; nos mostró lo frágil que es la vida, nos enseñó lo débiles que pueden llegar a ser nuestros logros y sueños, nos juntó con aquellos que valían la pena conservar, sacó lo peor y lo mejor de cada uno, nos invitó a volver a lo básico y nos conectó con nosotros mismos. Y es que cuantos no extrañan cosas tan pequeñas como visitar un amigo, recibir un abrazo, un beso, la sensación del aire corriendo entre nuestros cabellos, las notas musicales deslizando nuestros oídos durante un festival, o las luces de las calles que forman una escena romántica tomado de la mano de quien te hace vibrar las venas.

Y tal vez esto se debe a que nos convertimos en una sociedad vana, de consumo, de envidia, que rasga su alma buscando una satisfacción material, que se olvidó de su verdadera conexión a la vida, al amor, a lo natural, a lo importante.

Es claro que el mundo ya no será igual, por lo menos durante los siguientes meses o tal vez años. Los besos y abrazos pasaron de ser un símbolo de amor a un miedo en las calles. Durante esta cuarentena se han aumentado mis ganas desesperadas de tomar mi mochila y salir a recorrer aquellos lugares que alguna vez hicieron latir más fuerte mi corazón.

Uno de los destinos que más me atrajo y al que volvería varias veces; siempre fue Nicaragua. Y pese a que mis amigos no le veían gracia al destino, yo sabía que debía ir; pues sus historias de volcanes y de su gente resonaban en mi mente. ¡Eso sí! el primer impedimento para arriesgarse a la aventura, son los comentarios de los demás que te llenan de miedo, que te roban tus sueños, que te contagian con el pánico a vivir, a seguir lo que el corazón te pide a gritos. 

Una de las cadenas volcánicas más importantes del mundo, le dan a la zona una mezcla de paisajes increíbles; rojos, naranjas y amarillos de lava pura. Y es que en Nicaragua podrás visitar el Volcán Masaya, uno de los pocos donde verás a metros la sangre caliente que recorre por las arterias de nuestra tierra. Un espectáculo que me dejó paralizado, una de las experiencias más grandes de mi vida y que vale la pena que la vivan. Es uno de los lugares donde el alma se vuelve a conectar con la tierra, los sentidos se excitan y te invitan a deslizar sobre una paz abrasadora. Tatuajes para el alma y la mente, que jamás olvidaran encuentros tan perfectos entre cielos colmados de estrellas y las ventanas de la tierra.

A unos kilómetros al sur de Masaya, por recomendación de un viajero resultamos en Ometepe. Y que preciosura resultó ser esta isla, llena de piratas como yo, en busca de tesoros y aventuras. Dos volcanes en la mitad de un lago que formaban una especie de ocho. El plan allí es rentar una moto eléctrica y salir cabalgando por cada rincón de la isla. A toda marcha para ver los suaves trazos que forman estos monumentos y que en algún momento fueron postulados a ser una de las maravillas del mundo.

Al norte del país podrás visitar León. Una de esas claras representaciones de conquista española, de problemas latinoamericanos, de alegría latina. Granada y León dejan ver sus rasgos coloniales en sus calles, con fachadas coloridas, iglesias tradicionales y pequeños lugares para probar su gastronomía. En León podrás adquirir planes para visitar los volcanes cercanos, en especial “el Cerro Negro”. Un lugar fantástico donde se practica el Volcano Boarding, una actividad única y muy emocionante. Aparte de tener una vista inigualable, te mostrará una paleta de colores que empieza desde su negro profundo, el azul claro de sus cielos, que quedan encerrados por el verde de sus selvas.

No importa si vas solo, con tu compañero de vida o con tu grupo de amigos; sal a viajar. No importa si es a miles de kilómetros o en tu propia ciudad; sal a conocer. No importa si es por varios años o por un solo día; alista tu mejor versión.  No importa la modalidad en la que te guste viajar, alista tu equipaje. Y es que es increíble que en una maleta tan pequeña puedan guardarse tantas historias. Ya que estos días me di cuenta que lo único que me llevaría; sería todo lo que viví, todo lo que reí, todo lo que comí, todo lo que vi, todo lo que compartí con aquellos que se unieron a este corto pero mágico viaje de la “Vida”.

La capital es Managua. Y la verdad es que es un país olvidado por los turistas, debido a las guerras civiles que pasaron por años. Pero les aseguro que en ningún momento me sentí inseguro. Por el contrario, los locales sentían felicidad por nuestra visita y nos atendían de maravilla. El turismo es la columna vertebral para muchas familias a nivel mundial y para Nicaragua era una fuente que hoy en día, quieren recuperar.

Cada destino siempre tendrá su colorido y solo debes estar atento a la belleza y experiencias que te querrá compartir. Nicaragua se llevó un lugar especial en nuestras vidas.

¡Y OJO con esto, hay que aclarar!:

Que nadie cuente tus historias, que nadie construya tus libretos, que nadie viva tus sueños y que nadie más que tú; escriba sus poemas y canciones.

Fotografías y textos: Adrián Espinosa

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