Mauricio Salcedo, una Mirada al Desarrollo Arquitectónico en la Periferia

La arquitectura, el dibujo y la escultura han sido grandes puntos de partida para la carrera del artista plástico Mauricio Salcedo quien gracias a su entorno inmediato comenzó a explorar y analizar los comportamientos arquitectónicos que existen en los barrios periféricos de las ciudades latinoamericanas y en especial de Colombia.

Investigando por medio de su trabajo cómo la arquitectura auto constructiva marca el desarrollo de una ciudad y a la vez expone el abandono gubernamental en cuanto a temas de orden y articulación urbanística, el artista colombiano logra plasmar como los contextos de violencia y desplazamiento ligados con la violencia del país tienen una fuerte incidencia en este desarrollo y la forma en la que se crean estos asentamientos en grandes ciudades. Su trabajo hace parte de grandes exposiciones de coleccionistas y de galerías en el mundo, donde ha logrado exponer parte de su proyecto escultórico en un contexto completamente ajeno al de su procedencia, mostrando el desarrollo periférico de Bogotá.

Conversamos con Mauricio acerca de su proceso artístico, del acercamiento que ha tenido con este desarrollo arquitectónico y de los nuevos proyectos que vienen en solitario y junto a su colectivo Islas Gloria.

¿Cómo inicia tu carrera en el arte? 

Creo que como muchos otros colegas artistas, me vi involucrado en este medio sin ninguna pretensión ni fundamento que me anticipara para este escenario, que en un primer momento es bastante inhóspito. Me vi atraído a estudiar la carrera de artes con esta idea romántica de ser un artista dedicado a un oficio y respondiendo al imaginario que se tiene del artista como un ser “elevado” que tiene la particularidad de convertir en oro lo que toca. Al ser el primer artista en mi familia nunca me vi cercano a ningún ambiente relacionado con el arte en mi niñez, mi interés por este surgió entonces del impulso constante que tenía por dibujar todo lo que estaba a mi alrededor. Eso me llevó a inclinarme por el arte en el momento en que mis padres me dieron la oportunidad de estudiar una carrera profesional. Hoy, después de casi 7 años de carrera con varios procesos que aún considero embrionarios, pienso en el imaginario que me atravesaba cuando tomé esa decisión, y me doy cuenta de lo distinto que en realidad es ejercer y entregarse a la labor del arte, Aun así, cada vez que abordo una exploración o búsqueda nueva, trato de conservar esa mirada inocente que me atravesaba cuando tomé la decisión de ser artista.

¿Cómo ha sido la exploración de diferentes técnicas como el dibujo, la escultura y el grabado dentro de tu proceso creativo?

Cada medio aborda preocupaciones específicas de orden conceptual y técnico. Me gusta pensar que a nivel técnico existe una necesidad de entender los procesos de producción, pensando en el oficio como la entrega absoluta y desinteresada a una labor que desarrolla metodologías que se articulen con lo que se busca expresar conceptualmente. Creo que mi metodología de trabajo actual se ha visto atravesada por los procesos y la disciplina que exige el grabado. Durante el tiempo que cursé la carrera de artes, tuve una fijación muy fuerte por los procesos de producción gráfica, y gran parte de mi tiempo en la universidad lo gastaba produciendo en el taller de grabado y acompañando los procesos de algunos compañeros. Estos procesos están sujetos a la practicidad y un fuerte dominio técnico, de la mano con tiempos de producción bastante dilatados, a la vez que exige mucho control por el uso de químicos y resinas. El momento en el que abordé la escultura, esta mirada gráfica para abordar procesos estaba muy presente. Y a pesar de que ambas son prácticas que por mucho tiempo tuvieron un desarrollo paralelo, (donde se gestaban al unísono pero no encontraban un punto común de diálogo), estoy buscando hilarlos en la exploración de nuevos lenguajes.

¿De dónde nace el interés por la arquitectura que reflejas en tu obra?

Mi relación con la arquitectura auto constructiva inicia desde mi infancia, en la casa que construyó mi abuelo de la mano con mi papá, al occidente de Bogotá. El barrio fue (como la mayoría de los barrios de Bogotá) el proceso de parcelación de una de las muchas haciendas que conformaban el sector. Al ser proyectos que surgían desde el ámbito privado, terminaban siendo ajenos de los planes de desarrollo urbano, que como consecuencia crean el desorden estructural que podemos presenciar hoy en Bogotá. Aun así el occidente en ese momento se concebía como uno de los sectores de Bogotá con un desarrollo importante que buscaba generar un orden y articulación con el resto de la ciudad, y así se sucedían proyectos urbanísticos como la ciudadela Colsubsidio, y los complejos deportivos del Salitre. Por lo que su desarrollo, siendo auto constructivo, no responde a las problemáticas habitacionales que se dan en las periferias del sur o del norte, que están más ligadas a los asentamientos ilegales que se suscitan por los éxodos rurales y el desplazamiento forzado.

Durante mi infancia era testigo de cómo la casa y el barrio se iba construyendo, muy ajeno en ese entonces de entender lo que suscitaba ese tipo de dinámicas, empecé a hacer registros de estos procesos constructivos que sucedían en mi contexto. Pronto esos registros y las memorias en torno a las sensaciones suscitadas por el espacio tenían una fuerte incidencia en el los procesos plásticos que empecé a abordar.

¿Cómo ves los sistemas de construcción periféricos y cómo crees que tu obra señala diferentes problemáticas sociales y políticas de los barrios periféricos de las ciudades latinoamericanas y de Colombia en particular?

La arquitectura auto-constructiva tiene mucha relación con los procesos de arquitectura vernácula que se han desarrollado en Latinoamérica. En el caso de Colombia, los éxodos rurales y la violencia han tenido una fuerte incidencia en su desarrollo y la forma en la que se dan sus asentamientos: la ausencia de estado en las zonas rurales del país lleva a que estos éxodos encuentren cabida en las grandes ciudades y capitales, en la búsqueda de la seguridad y oportunidades que le son negadas al campo y que ha sido una constante en los distintos gobiernos de turno, que han tenido esa mirada esquiva frente al desarrollo rural del país.

Esto de la mano con la necesidad humana de pensarse desde el habitar y el ejercicio de acondicionar nuestros espacios como respuesta a una necesidad estética. Termina sucediendo entonces un lenguaje constructivo que tiene como materia prima el ladrillo y el cemento, siendo estos los materiales de la clase obrera y popular,  que se usa desde las construcciones más precarias como la que se dan en las periferias, transitando en proyectos urbanísticos como el del barrio Bachué, hasta las más sofisticadas si se piensa en las obras desarrolladas por Rogelio Salmona en Bogotá. Lo que genera esto es un escenario común que da paso a un amplio desarrollo estético ligado al material, cuyo desarrollo transita a través de su evidente estratificación, por lo que es difícil pensar en la autoconstrucción como una práctica que solo concierne a los sectores marginales, pero es muy cierto que es donde mejor se entiende este fenómeno constructivo, o por lo menos es donde se hace más evidente.

Hace un tiempo expusiste en Alemania, ¿cómo fue mostrar las diferentes construcciones que existen en Latinoamérica en un contexto europeo?

La oportunidad de exhibir en Alemania se dio de la mano de Galerie Boisserée, en la ciudad de Colonia, con el proyecto escultórico Métodos de Construcción. Creo que los principales retos de exhibir en el contexto europeo se daba en dos ámbitos importantes; por un lado la gestión y la logística que implicaba transportar y producir un proyecto que tiene bastante complejidad técnica, poner en diálogo los métodos de producción que ya controlaba en el formato de una exhibición a gran escala en corto tiempo. El otro reto importante, que sigue  en desarrollo y el cual me interesa explorar a profundidad tiene que ver con el diálogo que suscita el proyecto en un contexto completamente ajeno al de su procedencia; claramente el primer momento de abordar este escenario expositivo es mostrar un resultado de procesos y crear una puesta en escena, poner en contexto un desarrollo escultórico que surge de un contexto específico, y que se suscita desde el habitar, componente que no estaba presente en el marco de esta exposición. Como resultado surgen preguntas, por ejemplo, en torno a la pertinencia de escoger una galería de arte como escenario para la puesta en escena de un proyecto que busca vincularse a una estética popular, una primera respuesta es pensar en estos espacios desde su capacidad de gestión y ejecución.

¿En qué proyecto estás trabajando y qué viene para ti en el 2021?

Desde hace un par de años he estado en la búsqueda de retomar las prácticas que conciernen a la producción gráfica; en el 2016 tuve la oportunidad de fundar mi estudio de grabado, en el cual principalmente me enfocaba en la producción de grabado en metal (aguafuerte y aguatinta, talla dulce y punta seca) hoy mi aproximación a los procesos gráficos va de la mano de pensar en la reproductibilidad a diferentes escalas, que transiten entre la gráfica popular y la masificación del contenido. Uno de los cambios más evidentes en el desarrollo de un nuevo lenguaje gráfico está en el uso del color, ya que, viniendo de un entendimiento muy tradicional del grabado era muy fácil que el monocromatismo estuviera presente en el desarrollo temprano de mi obra. El color de la mano del uso de materiales más versátiles y nobles como el cartón, que me ha dado una maniobrabilidad importante y la oportunidad de explorar compositivamente con la imagen. Esta conjugación ha encontrado un espacio común en el marco de un nuevo proyecto llamado “La casa gesta su propia ruina”, que ya tuvo una primera muestra este año de la mano de SGR galería.

Uno de los retos importantes que viene dándose desde el 2020 es poner en diálogo el desarrollo gráfico con el lenguaje escultórico, ya que ambos procesos se han dado de forma paralela, y como comenté antes, no han tenido un diálogo conjunto.

Un segundo escenario importante que se gestó durante la pandemia en el 2020, fue el surgimiento de un nuevo artista que responde a la necesidad de un diálogo colectivo: Islas Gloria es la unión entre Gloria Sebastián Fierro y Mauricio Salcedo, pensando en un campo de acción creativo que sienta su postulado desde el juego y la reflexión sobre el habitar y el cuidado. Islas Gloria se piensa desde la reproductibilidad, por lo que el espacio común de este artista ha sido en principio el estudio de grabado, pero su búsqueda va más allá de pensarse desde una metodología específica de trabajo, más bien se ubica en el suscitar de los espacios y lugares comunes que le circundan, por lo que la gastronomía y la confección han empezado a verse involucrados en su búsqueda.

El artista estará presentando una nueva exposición a partir del 10 de marzo en la galería SGR. Te invitamos a seguir y conocer los procesos que el artista lleva a cabo a través de sus redes sociales @islas_____mauricio  y el colectivo @islas___gloria.

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